Con el foco de atención puesto en la pandemia, no debemos olvidar que en esta época comienzan a circular otros virus respiratorios que sí pueden ser graves en los más chicos si no se toman las medidas necesarias. ¿Sabían que no existe vacuna pero es posible aumentar la inmunidad de los grupos de riesgo mediante la administración de anticuerpos específicos para este virus?

Desde los comienzos del otoño hasta entrada la primavera, es el momento de mayor circulación del Virus Sincicial Respiratorio (VSR), uno de los principales causantes de la bronquiolitis, que afecta principalmente lactantes y niños pequeños.

Y si bien según las cifras oficiales, los reportes de casos en menores de dos años se redujeron significativamente respecto a los reportes del año pasado, los niños prematuros representan siempre un grupo de riesgo a quien no se debe dejar de prestar atención en esta época del año. Además, los chiquitos con afecciones pulmonares y los que sufren de cardiopatías congénitas también son considerados grupo de riesgo dado que tienen entre cuatro y cinco veces más probabilidades de necesitar hospitalización en caso de contraer éste u otros virus.

Y si ante la llegada de los primeros fríos suele ponerme bastante nerviosa cada estornudo o tos de mis hijos (¿les conté del invierno que Regina tuvo su primer falso crup y tuvimos que asistirla en casa porque no había tiempo de salir corriendo a ningún lado?) no quiero imaginar LO inquieta que me hubiera tenido por estos meses ser mamá de un niño prematuro.

Este año, el surgimiento de un nuevo virus y la pandemia por el COVID-19 se llevó la atención de todos. Sin embargo, no debemos olvidar ni desatender otros virus y enfermedades que en esta época comienzan a circular y que sí pueden resultar de riesgo para los más chicos.

La bronquiolitis es una enfermedad de fácil contagio y se transmite de persona a persona por el contacto directo con secreciones nasales.

«Dado que las medidas de prevención para la diseminación de COVID-19 son básicamente las mismas que para el VSR y son muy estrictas aún no comenzó el aumento de casos de enfermedades respiratorias agudas bajas en bebés y niños, como sería esperable a esta altura del año. Normalmente, el periodo de mayor circulación del VSR es de abril a septiembre. No sabemos si este año su aparición será más tardía o no ocurrirá en forma severa. Sin embargo, lo que no podemos es estar desprevenidos, debemos actuar y estar preparados como todos los años». Así alertó Claudio Solana es jefe de la División Neonatología del Hospital «R. Sardá».

Pero, ¿qué es el VSR? Ni más ni menos que uno de los principales causantes de la bronquiolitis, es decir, la infección en el tracto respiratorio inferior en lactantes y niños pequeños. Es una enfermedad de fácil contagio y se transmite de persona a persona por el contacto directo con secreciones nasales.

Y como no existe una vacuna para los virus que causan habitualmente cuadros respiratorios -excepto para el de la gripe- y la circulación del VSR es muy intensa, dicen los que saben que la mayoría de los menores de dos años habrán enfermado de bronquiolitis antes de cumplir esa edad (¡en casa por suerte estuvimos en la minoría!)

Y como siempre les digo, hay cosas en las que «mejor saber que no saber», y este tema no es la excepción: la información siempre nos da «poder» para saber qué hacer -o no- ante diferentes circunstancias.

Por suerte lo mismo piensa la gente de la Asociación Civil Red de Familias Prematuras, que impulsa por segundo año consecutivo, la campaña de prevención #AlertaBronquiolitis con el objetivo de brindar información accesible y completa para padres y cuidadores, respecto de las medidas de prevención del VSR, los principales factores riesgo, signos y síntomas a los que debemos estar atentos para consultar con el pediatra y los principales cuidados en el hogar.

«La información es una herramienta fundamental al momento de tener que realizar una acción, y cuando se trata de niños nacidos prematuros actuar de manera rápida y adecuada puede significar la vida de nuestro hijo«. Marcos Bentos es papá de dos niños nacidos prematuros y presidente de la Red. Para él, «dentro de los objetivos de la asociación civil está el de difundir y defender los derechos del prematuro y sus familias, y el derecho a la plena información es uno de ellos». De hecho es el derecho 8 del decálogo del prematuro de Unicef.

Como no existe una vacuna contra el VSR, la inmunización pasiva mediante la administración de anticuerpos monoclonales puede ser de gran ayuda

Y si bien ninguno de sus hijos tuvo bronquiolitis, ni Tomás que nació de 28 semanas y 760 gramos (hoy cuenta 17 años), ni Catalina, que nació de 36 semanas con un peso de dos kilos y 300 gramos (hoy de 12 años), Marcos conoce de cerca la historia de niños que debieron superar la enfermedad. «En los relatos de sus padres cuentan lo difícil que fue volver a pasar por una re internación (la mayoría de los bebés que nacen antes de tiempo deben pasar un largo período internados), se reviven angustias y miedos -contó-. Hay que estar muy atentos a los síntomas que puede presentar el bebé, y si se detecta alguno de ellos es vital consultar al pediatra lo antes posible«.

Como decíamos, no existe una vacuna para el VSR, por eso, una de las medidas más efectivas «es la inmunización pasiva, para los grupos de riesgo, mediante la administración de anticuerpos específicos para el VSR (denominados científicamente anticuerpos monoclonales), durante la época estacional de circulación del virus», explicó Solana. «La aplicación de esta inmunización en nuestro país está dentro de un cronograma nacional durante los meses de mayo, junio, julio y agosto y está disponible tanto en el sector público como privado», agregó Marcos.

«Año a año la Red de Familias Prematuras asiste a distintos hospitales donde nacen prematuros y mediante las charlas de padres a padres enfatizamos la importancia de aplicar todas las dosis a quienes lo necesitan y fomentamos los cuidados en hogar para evitar internaciones por bronquiolitis -continuó-. Ver el impacto positivo de brindar esta información a las familias, hizo que llevar adelante una campaña nacional de prevención de la bronquiolitis se volviera para nuestra asociación civil un objetivo a cumplir».

La campaña de prevención #AlertaBronquiolitis tiene el objetivo de brindar información accesible y completa para padres y cuidadores, respecto de las medidas de prevención del VSR

No pude contenerme, y le pregunté: ¿Cómo es ser papá de un niño prematuro en los meses de frío? «Cuando nace un niño antes de tiempo, durante los días de internación en neonatología el equipo de salud se ocupa no sólo de la atención del bebé prematuro sino también de acompañar a las familias en el aprendizaje del cuidado y la preparación del hogar que lo recibirá».

Así, los padres organizan sus casas y rutinas para minimizar los riesgos, y en los meses de frío evitar complicaciones respiratorias requiere una mayor atención. Lavarse las manos con frecuencia, mantener la lactancia materna dentro de las posibilidades, controlar la temperatura y la ventilación del hogar, no permitir que se fume dentro de casa, evitar el contacto del bebé con gente enferma, evitar las salidas innecesarias, cumplir con el calendario de vacunación y asistir a todos los controles.

«A causa del COVID-19 muchos de estos cuidados se volvieron parte de la rutina diaria de todos, no sólo de los hogares con niños de riesgo -destacó Marcos-. A raíz de esto, las internaciones de niños con bronquiolitis disminuyeron este año considerablemente en comparación con otros años para estas fechas«.

Para tener en cuenta
Es necesario prestar atención a los principales síntomas de la enfermedad y saber que cuanto más pequeño es el niño, más importantes pueden ser los síntomas, que son los siguientes (anoten!!!):
– Mucosidad nasal
– Tos, catarro
– Respiración más rápida (taquipnea) y aumento de tos
– Respiración ruidosa con silbidos (sibilancias)
– El niño se agita fácilmente
– Hundimiento de las costillas al respirar
– Dificultad para alimentarse o para conciliar el sueño
– Piel azulada o muy pálida
– Fiebre con temperatura mayor a 38°C.

Y si suele decirse que uno aprende a ser padre siéndolo, más aún, «nadie está preparado para ser papá de un niño prematuro». Según Marcos, «el acompañamiento, la contención y la información serán sus mejores aliados para transitar esta experiencia». Él sabe más que nadie lo valioso que es que la familia de ese «milagrito» cuente con las herramientas que les permitan evitarse dolores de cabeza. Hay que pasar el invierno, también dicen por ahí.

Pequeña adolescencia

Al período que abarca desde los cuatro hasta -con suerte- los cinco años se lo suele llamar «la pequeña adolescencia» y bien podría resumirse a la etapa como un tiempo en que los padres decimos permanentemente «no» ¡y ellos también! Una guía para sobrevivir a una búsqueda de límites y lucha de poderes continua

Rebeldía, desobediencia, apatía, desapego, mal humor. Cualquiera que lea estas cualidades diría que describen a un adolescente hecho y derecho. Sin embargo, así está mi niño de cuatro años. ¿Es un adelantado? No, parece que es lo que en psicología llaman «la pequeña adolescencia», «primera adolescencia» o «mini adolescencia».

Como sea, lo hayas atravesado o no, la descripción habrá sido suficiente para que imagines lo que vivo hace casi un año. Y a días de que Dante cumpla cinco, me atrevo a anunciar que esto no termina acá.

«Los chicos tienen cada vez más claro quién manda y, por supuesto, se opondrán en lo que puedan. Entre los cuatro y los cinco años es una edad en la cual permanentemente estamos diciendo ‘no’, y ellos también. Se trata de una lucha de deseos constante, parecería que tienen un radar para hacer lo que no se puede o para desestimar lo que uno les está diciendo, como si el adulto le hablara a la pared». La claridad con la que la licenciada en Psicología Lorena Ruda se refirió ante mi consulta, casi que confirmó que estoy ante un adolescente ¡de cuatro años! con todo lo que eso implica.

Es que ellos -según siguió Ruda- «están esperando los límites, que los sigamos tratando como niños entendiendo que ellos no deciden todo, aunque participen más de algunas decisiones y elecciones». «Se ponen crueles con los pares, diciendo cosas que hieren», agregó la especialista en maternidad y crianza, para quien «con estas actitudes están poniendo un poco a prueba a la autoridad, interiorizando la figura de autoridad, como para ver quién manda».

«Es muy importante en este momento ser claros con los límites. Si están contestando mal o desubicándose, es importante ubicarlos. Un consejo es siempre ir encontrando la manera más respetuosa así no se arma una batalla campal. Que entiendan que aunque haya cosas que decidan, el adulto es uno. Y esto, aunque no crean los alivia», señaló Ruda. Para ella, «hay que entender sus enojos y dejar que los expresen».

Pequeña adolescencia

Como venimos haciendo desde chiquitos, empatizar con sus emociones y habilitar el enojo parece ser la clave. Eso no quiere decir que se les permitan los insultos, golpes o portazos. ¡Porque hay de todo eso, eh! «Hay que encontrar la manera de contenerlos: lo más importante en esta etapa es que esté bien diferenciado quién es el adulto y marcar bien los encuadres», enfatizó la especialista, que a esta altura ya es mi gurú de vida, y ahondó: «Me refiero, por ejemplo, a marcar reglas de convivencia, y si es necesario escribirlas. Sostenerlas y respetarlas entre todos. Los permitidos y los no permitidos. No le podemos decir que no insulten y el adulto insultar; las normas de la casa son iguales para todos, aunque habrá otras que tienen que estar diferenciadas porque claro hay cosas que son ‘de grandes’ y ‘de chicos'».

«Lo que hay que tener claro es que con nuestros hijos no somos pares y que necesitan que esos roles estén diferenciados. Tratemos de no caer en autoritarismo o abuso de este lugar tan poderoso, tampoco queremos soldados obedientes -consideró Ruda-. Queremos niños que manifiesten sus deseos y que aprendan a manejar sus reacciones, enojos y frustración. Para esto es importante la empatía».

Y tras asegurar que «mucho de cómo uno va manejándose en esta etapa, va a repercutir en cómo se comporten luego en la adolescencia propiamente dicha», la especialista llamó a la calma: «No nos asustemos, no tenemos que ser rígidos y autoritarios, tenemos que ayudar a construir un vínculo de confianza, enseñar a manejarse en sociedad, a respetar normas y reglas y a que crezcan libres conociendo cada vez cuáles son sus deseos». «Sabemos que cuando se oponen a los del otro se genera una batalla. Habrá que ver qué batalla batallar, cuáles límites pueden flexibilizarse y cuáles no», sugirió.

A modo de consejo, Ruda, previno: «A veces sirve tercerizar la ley con frases como ‘al jardín se va con uniforme, lo dice el reglamento no yo’ o ‘en el auto se viaja con butaca, lo dice la ley’. Necesitamos ley, en casa y fuera de ella para que cuando llegue la adolescencia esta ley ya esté internalizada y no haya que estar buscándola transgredido sin límites».

Un buen glosario de palabras clave sería: ley, autoridad, deseos, reglamento, normas. A los que podría sumarse, no sólo en esta si no en todas las etapas de la vida, EMPATÍA. Todos fuimos niños, todos fuimos adolescentes, que el rol (¡y la responsabilidad!) de «criar» no nos haga olvidar de eso.

Ayudarlos a internalizar la ley, la figura de autoridad y demás es el camino. Y entender que es inevitable que no transgredan. ¡No se les habilita, claro, pero se entiende! A veces «hacer la vista gorda», como dice mi madre, puede ser la paz en medio de la tormenta que tanto necesitamos todos.

Hijos pareja

Se produce un quiebre, y es normal y esperable que así ocurra. La llegada de un hijo representa una crisis que si la pareja tiene un buen cimiento podrá atravesar de manera exitosa. Expectativa versus realidad en la crianza de los hijos y cómo nos afecta a hombres y mujeres

Puerperio, hormonas revolucionadas, un niño que reclama alimentarse cadak dos o tres horas (¡con suerte!) y unos pechos que duelen, un padre que poco sabe cómo ayudar, un útero que se retrae (y duele!), pañales que requieren ser cambiados cada dos horas (¡día y noche!), ropita para lavar, visitas que recibir, una casa que mantener. Todo eso es -también- convertirse en madre. El amor que te desborda, la felicidad que no te entra en el cuerpo, la emoción de ver ese ser que salió de tu vientre, las ganas de tenerlo en brazos todo el día y fundirse en uno los dos un ratito más es lo que todos te cuentan. Lo otro no. Del lado «oscuro» de la llegada de un hijo poco se habla.

La llegada de un hijo representa una crisis, se diga o no. Y llamar a las cosas por su nombre, ponerlas en palabras, siempre es mejor que no hacerlo.

Con el correr de los días, el shock de los primeros momentos pasa, pero la revolución sigue. Esa personita que llegó para quedarse cala bien profundo en la vida de los flamantes padres. No sólo las rutinas cambiarán. La pareja no volverá -jamás- a ser lo que era. La clave estará en qué hace cada nueva madre y padre con TODO eso que les (nos) pasa.

Habrá que barajar y dar de nuevo. Y ver cómo nos volvemos a encontrar.

Sobre todo lo que pasa en la pareja cuando llegan los hijos, consulté a Valeria Roca, consultora psicológica, que hace años trabaja en temas de crianza y en el acompañamiento de la ma(pa)ternidad.

– ¿Dónde creés que radican las principales diferencias en el abordaje de la maternidad/paternidad entre hombres y mujeres?
La maternidad/paternidad es uno de los grandes desafíos que se presentan en la pareja, si no es el mayor. En el caso de que las parejas hayan podido conversar el tema previo a tener un hijo se van a armando ideales, proyecciones y al momento de la realidad, muchas veces, esa diferencia de cómo creíamos que íbamos a ser como madres o ellos como padres marca una de las primeras crisis.

Por otro lado, no dejamos cada uno de provenir de familias de origen diferentes, y con ello heredamos costumbres y culturas. Muchas veces, puede creerse que ese es el único modelo de maternidad/paternidad, hasta que nosotros como pareja conjugamos, re armamos, reconstruimos un nuevo modelo, que en el mejor de los casos debería ser una construcción conjunta y elegida más allá de lo heredado.

– ¿Cuánto influye a la hora de «conectarse» con ese bebé por nacer el hecho de que la madre tenga nueves meses (e infinidad de sensaciones) para contactarse con su hijo por llevarlo en su vientre y el padre no pueda más que sentir los movimientos desde afuera o verlo en una ecografía?
Es una gran diferencia porque para el hombre esos nueve meses se gestan de suposiciones, de fantasías y hasta de mayor incertidumbre que la nuestra por no saber que está pasando dentro nuestro y con nuestros bebes. Nosotras ya estamos entablando una relación palpable con nuestro bebé, inclusive hay investigaciones que demuestran el cambio cerebral de las mujeres inherente a la maternidad que tiene fines de adaptación para poder cuidarlos, pero quiero resaltar que esto NADA tiene que ver con que las relaciones sean diferentes o más profundas de las que puede tener cualquier bebé con su madre y padre.

Si no, deberíamos suponer que el amor y el vínculo se construye con el embarazo y no podríamos explicar los bebés que son adorados por mujeres y hombres que no los tuvieron en la panza y que entablan un vínculo igual de profundo. Lo que sí es real es que esos nueve meses nos llevan a una conexión más rápida que a los padres, pero nada que el tiempo y mucho amor no logren emparejar.

– ¿Es esperable que las parejas atraviesen crisis con la llegada de los hijos? ¿Cuál sería la mejor manera de sortearla?
No me gusta ser tajante, pero no creo que haya posibilidad de abordar un cambio tan profundo sin una crisis. Celebro las crisis de pareja porque ello implica un «registro» entre ambos, una percepción de que algo cambió o que alguien vino a modificarnos, un cimbronazo que nos permite volver a reencontrarnos. Me preocupa más cuando las parejas me dicen «no sentimos que haya cambiado mucho nuestra relación con la maternidad/paternidad, seguimos haciendo la misma vida».

No hay fórmula para sortear la crisis pero el diálogo, la comunicación, bajar las defensas y exponer lo más profundo de nuestro interior aunque sean nuestras mayores oscuridades es algo sanador y renovador en la pareja.

– ¿Cómo puede influir en la pareja si la idea que tenemos de cómo será como padre no coincide con la realidad? ¿Cómo se deben abordar esas diferencias?
De igual manera que les pasa a los padres si nosotras no somos como las madres que ellos imaginan. La realidad es que cada integrante de la pareja viene con un bagaje de su propia familia, y aunque creamos que no queremos repetir modelos o que queremos criar con estilos contrarios a como nos criaron, siempre hay una parte nuestra que conecta con nuestra crianza y otra parte que debe ser construida sobre nuestro propio modelo.

La verdad es que la idealización nunca es buena compañera, porque en general nunca es peor que la realidad, y realmente no hay mejor forma de criar que «ir siendo» porque en definitiva es un ir caminando. Si creemos que el modelo o la forma de maternar o paternar es estanca, estática y no puede cambiarse, caeremos en un gran error.

Para abordar esas diferencias hay algo elemental y es que las «diferencias» son necesarias, nos complementan, nos nutren y sacan una mejor versión de nosotros, si lo que buscamos es que madre y padre seamos iguales, que ellos resuelvan «igual» de como lo hacemos nosotras, que combinen la ropa de nuestros hijos como nosotras lo haríamos, y el bolso lleve todo lo «necesario» para nosotras, lamento decepcionarlos pero no sucederá.

Hay dos claves para sortear las diferencias ¡ACEPTARLAS Y USAR EL HUMOR!

– Si se consigue instalar la lactancia con éxito, la dependencia del bebé hacia su mamá será del 100% para vivir los primeros meses. ¿Cómo puede afectar eso al hombre y a su rol en la crianza de ese hijo?
Esta etapa es un momento de mucha fusión y simbiosis entre madre e hijo. La realidad es que la lactancia no sólo cubre el alimento para sobrevivir sino que nos alimenta emocionalmente, pero no es el único elemento indispensable que un bebé necesita, otro es el sostén, y la experiencia indica que la manera en que lo sostenemos es la seguridad que le estamos impartiendo. Invito a mayores brazos de papás, que sostengan, que aniden en los momentos que el bebé no está en la teta.

Los hombres sufren inicialmente este desplazamiento pero si es una pareja que pudo dialogar, compartir experiencias con otras parejas, y abrirse a los sentimientos, sabrán que «todo pasa». Lo más importante es no creer que todo es definitvo porque entramos en una etapa de «momentos», de pequeños tiempos, inclusive de comprender que la intimidad de la pareja es diferente pero por ello deja de existir.

– Cuando una pareja decide buscar un segundo (o tercer) hijo, ¿se supone que estará más afianzada frente al desafío o es un volver a empezar?
No se si estarán más afianzados, pero sí que al haber transitado por las diferentes etapas ya se conocerán como mamás y papás, esos roles que antes eran imaginarios, fueron caminados y desarrollados y de alguna manera eso aliviana.

Por otro lado, se juegan otras circunstancias y nuevas crisis, los tiempos, la rotura de una tríada, la llegada de un nuevo ser no es pasible de que no genere movimiento, pero con la ventaja de tener alguna parte de camino ya recorrido.

Peleas hermanos

Desde que #bebita comenzó a interactuar más con #hijomayor, los conflictos no tardaron en llegar. Y con ellos, el descubrimiento de un nuevo desafío como mamá (y van…). ¿Qué rol juegan los celos? ¿Cómo debemos mediar los padres? ¿Debemos mediar? Todo respondido por una especialista

«Maaameeeee».

La «palabra» dicha por Regina («dame» en su léxico que empieza a querer ser) muchas veces es seguida por un llanto. Otras, el que llora es Dante. A veces lloran a dúo.

«Mamáaaa Regina me sacó el auto».

En algunas oportunidades, antes o después del grito suena un golpe (de un juguete contra el piso, o de #bebita que, inestable aún en su andar, cae rendida en el «tironeo» por el trofeo en cuestión).

En defensa de #hijomayor debo decir que la pequeña desarrolló, juro que no sé cómo, la mala costumbre de morder y pellizcar. Y la aplica cuando avizora perdida la batalla.

Valeria Roca es consultora psicológica y organizacional y creadora de Wakami Consultores. A ella recurrí esta vez. Luego de un sábado de encierro en el que mis niños no dejaron objeto en la casa por el cual enfrentarse, ni motivo por el cual reñir, casi a modo de ¡SOS! le envié el siguiente cuestionario, que ella tan amablemente respondió. Y como siempre, en solidaridad con todas ustedes, madres, les comparto.

¿Cuáles son los motivos más frecuentes de peleas entre hermanos?
A simple vista siempre vamos a ver a hermanos discutiendo por juguetes, por qué programa de televisión o música escuchar, o si uno agarró algo de las pertenencias del otro.

Más allá del objeto de discusión, la pelea entre los hermanos -en el fondo- se asocia a la «búsqueda territorial» dentro de casa, las delimitaciones de su privacidad y por el lugar que ocupan dentro del sistema familiar.

Atrás de cada pelea entre pares hay una búsqueda de regulación entre ellos y de demostración de poder. Situación asociada a la búsqueda de amor y del lugar que ocupan o pretenden ocupar dentro del contexto familiar.

Los motivos en el fondo son una «anécdota» porque siempre van a encontrar algo diferente por lo cual discutir. Pensemos que un hermano es el primer ser humano que nos limita siendo un par, acostumbrados a la autoridad asimétrica con los padres; ellos son un canal más simple para evacuar enojos, tristezas o cualquier sentimiento que nos esté atravesando, tenga o no que ver con el vínculo de hermandad.

Como padres nos resulta más simple justificar que los berrinches, caprichos o enojos son por la llegada de un hermano, o porque uno molestó al otro y los celos son la causa de sus conductas, pero muchas veces esa no es la causa sino la consecuencia de algún otro malestar que no estamos pudiendo decodificar, donde el hermano oficia de «punching-ball».

Cuando los hijos se llevan poca diferencia de edad, ¿qué rol juegan los celos del hermano mayor al momento en que el menor comienza a interactuar y jugar como un par?
Los celos van jugando diferentes papeles a lo largo de la etapa evolutiva de todos nosotros, así como los adultos tenemos diferentes niveles de celos, los niños también son diferentes unos de otros frente a este sentimiento.

Sin embargo, cuántos de nosotros vivimos esa «mordida», «pellizcón» o «agarrada de cachetes exacerbada» hacia el hermano. La realidad es que estar celoso implica sentirse intranquilo, inseguro y hasta enojado, si no pensemos qué nos sucede cuando atravesamos una situación de celos.

Tener celos no significa que no se amen entre ellos, simplemente es una conducta casi instintiva para «proteger» el amor de sus padres o cuidadores.

Puntualmente, en el caso de los hermanos mayores, hay algo que les despierta la sensación de que el bebé de la casa dejó de serlo y como comienza a ser un «par», que agarra mis juguetes, y se sube a mi cama, camina y capta la atención de mi familia, entonces ya puedo tomarlo como igual y ahí aparecen los manotazos, las agarradas de pelos y todo aquello que hemos presenciado los que tenemos más de dos hijos o tuvimos algún hermano.

Ambos hermanos comienzan a experimentar esos celos por el otro que pueden traducirse en estrategias como:
– Querer imitarlo en todo
– Enfrentarse verbal o físicamente
– Somatizan su enojo y empiezan a enfermarse más
– Llaman la atención exagerando algún síntoma
– Relucir más enfáticamente los méritos logrados

¿Cuáles son (si las hay) las peores edades?
No sé si hay peores edades, lo que definitivamente hay son diferentes etapas evolutivas en las que se encuentra cada niño.

Cuando son bebés o pequeños y ello implica que aun no miden por sí solos el riesgo, nuestro estado de alerta como padres o cuidadores definitivamente no es el mismo que cuando los chicos son más grandes y a lo sumo participamos en regular «el tono» de las peleas.

¿De qué manera los padres pueden mediar en las peleas y hasta qué punto deben dejarlos que resuelvan el conflicto solos?
Creo que debemos enfocarnos más en «acompañar» la forma de resolución de las peleas que en tratar de evitarlas.

La forma en que resuelven con un hermano los conflictos es un ejemplo de cómo los resuelven en el exterior, frente a un compañero, un amigo o cualquier individuo por el cual se sientan molestos, por eso es necesario fortalecer y brindarles la mayor cantidad de herramientas emocionales para afrontar esa sensación.

Si como papás nos detenemos a observar la interacción entre los hermanos probablemente nos brinde mucha información de lo que necesita cada uno de ellos.

Creo que el mayor desafío como padres es «no etiquetar» a nuestros hijos, no pensar en uno en relación con el otro («él es más tímido», «ella es más sociable») porque aquí es donde participamos activamente en fortalecer la competencia entre ellos, perjudicando inclusive la construcción de su propia identidad.

La hermandad es un acto de amor maravilloso, pero se construye, no es constitutivo per sé por tener hermanos y como padres mucho tenemos que ver en ello. Cuando podemos escuchar las razones de ambos, no buscar culpables e inocentes, confiar en que aunque sean pequeños pueden resolver entre ellos la situación y «dejarlos» simplemente pelear un rato y luego amigarse, permitir que el tironeo de un juguete no sea una herramienta para que mamá o papá se pongan de un lado, y, principalmente, aportar el amor suficiente para que perciban que no necesitan de las peleas para llamarnos la atención, estamos no sólo colaborando con la relación entre ambos sino en la relación de cada uno con la sociedad.

Creo que si los padres logramos ser capaces de «corrernos» del centro y dejamos que el amor de hermanos trascienda, que se unan, aunque sea enfrentándonos, acompañando, pero no buscando ser pares, sino que ellos lo sean, dando amor y límites a la vez, la hermandad se convertirá en el mayor vínculo de amor que puedan vivenciar nuestros hijos.

¿Alguien más por acá atravesando esta etapa? Y parece que es larga, eh. Ánimo.

recetas

Mi lucha para que #bebita coma rico y balanceado ya es casi una cuestión de Estado. Y como veo que somos muchas las que padecemos «la crisis del qué cocino», recurrí a mi gurú e inspiradora Xime, de @itbabyeat para que me comparta sus recetas infalibles. Y me atreví a sumar mi caballito de batalla

Se sabe que una alimentación saludable es aquella que aporta todos los nutrientes esenciales y la energía que cada persona necesita para mantenerse sana. Y que una persona bien alimentada tiene más oportunidades de desarrollarse plenamente, vivir con salud, aprender y trabajar mejor y protegerse de enfermedades.

Ahora, ¿cómo se hace para que un niño que comienza con la alimentación complementaria (y que en mi caso es fanática de la teta) incorpore todos los nutrientes, y además coma rico y a gusto?

Les confieso que en casa la hora de la comida me representa un desafío diario. Sumado a que con #bebita no tengo «recetas infalibles» (lo que hoy le encanta, mañana lo escupe), lo cual me genera más presión/frustración al momento de pensar el menú.

Alrededor de los 10 meses, cuando quise pasar de papillas a trocitos, comenzó la «guerra». Decidí (decidió ella en realidad) probar con BLW y así seguimos.

Por eso es que recurrí a Xime, de It Baby Eat, que desde fines de 2015 comparte en sus cuentas de Instagram, Facebook y su web «recetas buenas para bebés y toda la familia», como ella misma asegura.

Baby H y Baby I son sus modelos y catadores. «Mi propuesta con It baby eat es lograr que la alimentación sana y variada sea más fácil y divertida para todos -contó-. ¡Cuando más temprano y más seguido les ofrezcan comida saludable a sus hijos más probable es que en el futuro la elijan! ¡Háganlos participar, cuéntenles lo bien que les hace comer bien, que comer sea un disfrute no una obligación!».

Para ella, hacer BLW o no es una elección personal. «Para mí lo primordial es lograr que tengan una buena relación con la comida en general, que sepan distinguir los diferentes alimentos, que se puedan regular cuánto y cómo comer, jamás obligarlos a comer sino no quieren o si algo no les gusta», aseguró.

Les comparto sus cinco recetas infalibles (yo las probé todas, algunas con más éxito que otras) y un bonus track que a mí no me falla.

BOCADITOS DE BROCOLI +9 meses
Éxito rotundo. «Este en mi caballito de batalla desde que Baby H empezó a comer. De hecho hasta los come mi marido que, si le preguntan, jura que jamás probó el bróculi y que no le gusta», contó Xime sobre su primera receta.
Ingredientes:
400 grs de brócoli (puede ser congelado o fresco)
2 huevos
1 taza de avena arrollada
1 cda de semillas de sésamo
1 cda de queso crema o de leche de coco o yogurt sabor natural
Opcional: 1 cda de ghee o manteca clarificada, aceite de coco o aceite de oliva.
Poner todos los ingredientes en un bowl y procesar (el brócoli crudo)
Con la ayuda de una cuchara armar los bocaditos sobre una placa de silicona o fuente de horno aceitada.
Horno fuerte a 240C, 10 minutos de cada lado!

AREPAS DE CALABAZA +6 meses


Son prácticas y fáciles de hacer, pueden hacerse con polenta o con harina de maíz blanca, que es la que usan en Venezuela para hacerlas. Se suele conseguir en las dietéticas. Son ideales porque sirven para cualquier horario del día, o para rellenarlas. El clásico de Xime es palta con queso crema.
Ingredientes:
1 taza de calabaza cocida (al vapor o al horno)
1/2 taza de harina de maíz precocida (polenta)
1 cda de fécula de mandioca (o maicena)
1 cda de semillas de lino molidas
Procesar o mezclar en un bowl todos los ingredientes.
Dejarlos reposar en la heladera por 30 minutos.
Formar bollitos y aplastarlos. En una sartén bien caliente o en el horno hacerlos vuelta y vuelta por dos minutos de cada lado. La idea es que queden bien doraditas!
Cortarlas por la mitad y rellenarlas con lo que se les ocurra.

GALLETITAS DE LENTEJAS +6 meses
Son espectaculares de ricas y sanas. Combinan fibras, hierro y grasas buenas. Pocos ingredientes y súper fáciles de hacer. Además son aptas aplv y sin huevo.
Ingredientes:
1 taza de harina integral
1 taza de zanahoria rallada
1 taza de lentejas cocidas
1 cda de semillas de sésamo
2 cdas de aceite de oliva
1 cda de agua
Las lentejas primero se dejan en remojo toda la noche, se escurren e hierven 30 minutos con laurel y ajo.
Procesar (puede ser con procesadora o minipimer) todos los ingredientes hasta que quede una masa.
Con una cuchara, poner una porción, con un poco de harina por encima y un palo de amasar achatarlas bien sobre la fuente que se vaya a usar en el horno. Con un cuchillo marcar el tamaño de las galletitas (también se puede usar algún molde de galletitas).
Horno precalentado a 220C, por 10 minutos.
Al sacarlas del horno ya están listas para comer.

CHIPAS DE CALABAZA +12meses


Son rápidos y fáciles de hacer. Pueden hacerse algunos en el momento y el resto congelarlos para hacerlos en otro momento.
Ingredientes:
2 tazas de fécula de mandioca (o 1 taza de fécula y 1 taza de harina de quinoa)
1 huevo
1/4 de taza de aceite (de coco o de oliva)
1 taza y media de puré de calabaza
1 taza de queso rallado
Batir el huevo y agregar el aceite, la calabaza, el queso y de a poco la fécula hasta formar una masa pegajosa.
Hacer bolitas del tamaño de pelotitas de golf (o un poquito más chicas).
Ponerlas en una fuente aceitada, y llevar a horno precalentado, 12 minutos a 240C. Listo! Tibios son riquísimos!!!

TORTA HÚMEDA DE ARÁNDANOS
Es riquísima para festejar cumpleaños, para tener una opción para el desayuno o para llevar al cole. Súper simple de hacer e infalible!!!
Con los mismos ingredientes pueden hacerse muffins o ponerlo en una budinera, lo que resulte mejor.
Ingredientes:
1 taza de harina integral
1/2 taza de avena arrollada
1/2 taza de almendras molidas
2 huevos
1 taza de dátiles sin carozo
2 cdas de aceite de coco
1 cda de esencia de vainilla
2 cdas de polvo para hornear
2 cdas de leche de coco (o yogurt natural)
2 tazas de arándanos
Procesar los dátiles con dos cucharadas de agua bien caliente, si se los deja en remojo con esta agua antes, mejor. Queda una pasta dulce después de procesar.
Batir los huevos junto con la pasta de dátiles, la esencia, incorporarle el aceite de coco y de a poco mezclar con el resto de los ingredientes.
Al final, agregar los arándanos.
Llevar al horno hasta que al pinchar con cuchillo o palito de madera y salga limpio.

Mi bonus: MUFFINS DE ESPINACA +9 meses
Encontré la receta una tarde de domingo en la que la desesperación no me dejaba idear la cena. Tip: con esta base, los hice luego de brócoli, choclo y remolacha. Nunca me defraudaron!
Ingredientes:
180 gramos de espinaca cocida y bien escurrida (vale también acelga
200 gramos de harina leudante
1 pocillo de leche
75 gramos de queso parmesano rallado
1 huevo
1 pocillo de aceite de maíz
Una pizca de sal (yo no le pongo, con el queso quedan súper sabrosos)
En un recipiente poner la espinaca cocida y procesada y la harina, salar (ojo si el queso es muy salado), agregar el queso rallado e incorporar bien.
 Agregar el huevo con el aceite y la leche, mezclar sin batir y volcar la preparación en moldes de muffins llenándolos hasta un poco más de la mitad.
 Espolvorear cada muffin con queso parmesano rallado. Cocinar en horno precalentado por alrededor de 15 a 20 minutos.

proteccion sol

Si estás por irte de vacaciones, o pasás el verano en tu casa. Si hacés escapadas los fines de semana o tenés una pileta amiga donde refugiarte del calor, este post es para vos, madre. Porque seguro el verano te gusta tanto como te estresa, pasá y leé

Seas primeriza o «con experiencia», el verano es otro de esos momentos en que mientras todos disfrutan, las madres nos estresamos. Al menos es lo que a mí me pasa. Si no es el sol, son los mosquitos o el agua en los oídos. ¡¿Diosss por qué no puedo relajarme?! ¿Les pasa?

Por si la respuesta es «sí», acá va mi humilde aporte, para que intentemos tener todo lo más bajo control que se pueda y así lograr descansar.

Sobre el cuidado de la piel y los daños del sol, mi amiga y gurú Victoria Cavoti (aclaro que además es médica y trabaja en salud materno infantil hace años) me explicó que «el daño solar es acumulativo, daña el ADN de la piel con riesgo de cáncer de piel y envejecimiento prematuro».

Y si hablamos de una piel sensible y delicada como la de bebés y niños chiquitos, más aún son los cuidados que hay que tener. Tomen nota:
✔ El factor de protección solar (FPS) se puede utilizar a partir de los seis meses de vida (no antes!!!).
✔ Se recomienda FPS 50 para niños, se coloca en las áreas expuestas (no olvidarse de las orejitas y la nuca).
✔ Leer las instrucciones que vienen en el envase del producto sobre la renovación.
✔ Se coloca el FPS entre una hora y 45 minutos antes de salir al sol.
✔ Evitar exponerlos (y exponerte) en los horarios donde el sol produce mayor daño (entre las 11 y las 17).
✔ Elegir un FPS que te sea cómodo para usar en la piel de tu bebé. El producto debe «deslizarse» fácilmente sobre la piel y para esto las presentaciones en emulsión o espuma son ideales.
✔ Si tu bebé tiene piel seca, evitá las presentaciones en aerosol.
✔ Las remeritas con FPS son super cómodas, si tenés acceso genial. Otra alternativa es utilizar una remera de algodón de color claro y manga larga.
✔ Los menores de seis meses se protegen con capota, gorrito, bodies o remeras de algodón de colores claros y sombrilla en el carrito de paseo.
✔ Recordá que los espejos de agua (piletas, fuentes de agua, ríos y mar) pueden quemar la piel por el reflejo.

¿Y qué ocurre con la vista de los niños y el sol?


Los rayos ultravioletas del sol (UVA y UVB) son altamente dañinos para la vista y la piel de los párpados. Su acción tiene un efecto acumulativo en el tiempo, tanto en la piel como en los ojos, es así que las principales enfermedades oculares más frecuentemente relacionadas con la exposición solar se dan en adultos mayores tales como las cataratas y la maculopatía.

«En el caso de los chicos la exposición solar inadecuada puede causar en forma aguda ojo seco, inflamaciones de la córnea, entre otras afecciones». Así comenzó a responder mis dudas la médica oftalmóloga Betty G. Arteaga, quien integra el Servicio de Oftalmología del Hospital Italiano.

Sin embargo, los lentes con FPS son recomendados a partir de los cinco o seis años. ¿Cómo los protegemos antes de esa edad? «Hay que evitar exponer al sol de manera directa a los menores de un año. Y en el caso de chicos mayores de esta edad siempre hay que evitar la exposición en horarios de alto riesgo (10 a 16), tratar de que jueguen en la sombra recordando que tanto el agua como la arena reflejan los rayos solares por lo cual colocarles gorros o sombreros. Además, para evitar la irritación en la pileta o en la playa es recomendable el uso de antiparras protectoras.

Consultada sobre qué riesgo de degeneración macular asociada a la exposición solar existe a esa edad, la especialista explicó: «Cualquier persona que mire directamente al sol, aún por un corto período de tiempo sin tener la protección correcta, puede dañarse la retina de forma permanente. La retinopatía solar es una entidad rara que consiste en una alteración macular producida por un mecanismo fotoquímico tras la exposición a radiaciones solares de forma intensa. Los síntomas visuales más frecuentes son alteración de la agudeza visual y percepción de una zona de menor visión en el centro del campo visual. Sin importar la edad cualquier persona que mire directamente al sol, puede lastimar su retina. Aunque los síntomas y las alteraciones maculares suelen ser reversibles pueden quedar secuelas permanentes en la visión».

Ese maldito mosquito
«A partir de los dos meses, los bebés deben usar repelente, debido a la circulación de los virus del dengue, zika y chikungunya -aseguró Cavoti-. El repelente debe tener menos de 30% de dietil meta toluamida (deet) para que no sea tóxico y la mejor forma de colocarlo es primero en las manos de la mamá y luego en las zonas expuestas».

Nunca se debe colocar en zonas tapadas por la ropa ya que potencia la toxicidad y se debe renovar según las indicaciones del prospecto. «Los bebés menores de dos meses deben usar citronella y renovar cada hora, además de protegerlos por medios físicos, como tul, manguitas largas de de algodón y colores claros», recomendó la especialista.

¡Alerta conjuntivitis!
«La conjuntivitis es una inflamación de la membrana transparente que recubre el ojo llamada conjuntiva. Es muy frecuente, sobre todo en la época estival. El ojo se pone rojo, se inflama, habitualmente pica, molesta, arde y puede haber también lagrimeo y secreción purulenta que pegotea el ojo sobre todo al despertar«, explicó Arteaga.

Si presenta estos síntomas debe consultar con su médico oftalmólogo, ya que aunque las conjuntivitis virósicas leves pueden llegar a curarse solas, las moderadas a severas requieren tratamiento de apoyo y sintomático. Generalmente el médico oftalmólogo indicará un colirio o ungüento con antibióticos y, a veces (si hay mucha inflamación), también con corticoides para que el cuadro sea menos molesto y dure menos tiempo. «Si hay alteración de la visión, o si ambos ojos están muy congestionados o con dolor es recomendable consultar de forma urgente al oftalmólogo. También si se trata de un lactante menor de 28 días, en cuyo caso hay que tomar medidas especiales», recomendó.

Además, las medidas de higiene para evitar contagios incluyen: no compartir artículos personales como almohadas, paños, toallas, sábanas, gotas para los ojos, cosméticos y anteojos; no ingresar a piletas de uso colectivo; lavar las manos frecuentemente con agua y jabón; y tratar de no tocarse los ojos y el rostro. El tiempo de duración del cuadro puede variar entre una semana hasta un mes en los casos graves. Si es alérgica, se resuelve cuando el irritante desaparece o es retirado del entorno del paciente. En el caso de usuarios de piletas de natación, no se debe retomar la actividad hasta el alta médica definitiva.

«¡Má, me duele el oído!»


«La otitis es la molestia más común durante el periodo vacacional de verano por el constante contacto con el agua y por los productos utilizados para el mantenimiento de las piletas, que resultan irritantes para la piel. Estas lastimaduras representan la puerta de entrada de las bacterias que inflamación de la piel del conducto auditivo externo», explicó la médica otorrinolaringóloga María Andrea Ricardo, quien detalló: «Se caracteriza por el dolor intenso, y en algunas ocasiones se observa una descarga de material purulento. Las otitis externas son cinco veces más frecuentes en nadadores y es más común en regiones de clima cálido y húmedas. La incidencia puede incrementarse al final de la época de verano probablemente por el retraso del diagnóstico y la dilación en la consulta por estar de vacaciones».

La jefa del servicio de Otorrinolaringología del Hospital Británico y asesora médica de Gaes Centros Auditivos destacó, además, que «la presión atmosférica en la cabina del avión es menor que la que se encuentra a nivel del mar y esto origina un desplazamiento del tímpano hacia la zona de menor presión, provocando dolor y pérdida auditiva». «Los niños tienen mayor predisposición para sufrir estos inconvenientes por la inmadurez de su sistema de compensación, debido a la disposición y anatomía de la trompa de Eustaquio y la presencia de rinitis y adenoides», agregó.

Y dio una serie de consejos y recomendaciones para mantener óptima la salud auditiva en verano:
✔ Evitar la acumulación agua y la humedad colocando algodón apenas embebido en vaselina en el pabellón.
✔ En un gotero colocar alcohol y vinagre de alcohol en partes iguales (1:1). Colocar dos gotas en cada oído al finalizar el día de natación.
✔ Controlar la contaminación del agua (piletas e hidromasajes).
✔ Evitar maniobras de limpieza. Los depósitos de jabón pueden provocar dermatitis.
✔ Tratar dermatitis previas.
✔ Tener especial cuidado en personas diabéticas e inmunocomprometidas.
✔ En los vuelos, se sugiere bostezar, masticar o cerrar la nariz con los dedos, cerrar la boca e intentar exhalar con fuerza (maniobra de Valsalva).

nena no come

No recuerdo en qué momento, la comida se volvió un drama con Regina. Papilla no, con tenedor no, con la mano tampoco…y yo al borde del colapso. Qué hacer cuando no quieren comer, qué ofrecerles y cómo, en este post catártico

Nunca creí que me fuera a pasar. Tenía la teoría muy bien aprendida: no hay que obligar a los niños a comer. Ningún chico con comida a disposición se muere de hambre. La hora de la comida no debe volverse una batalla campal.

Ahora, cuando tu hija lleva una, dos ¡tres! comidas, o sea, 24 horas, sin probar más que teta y alguna fruta, la que no entre en crisis que tire la primera piedra.

Dante había tenido un periodo de rebeldía con la comida, pero era más grande y pudimos manejarlo mejor. Esta chiquita, cuando quise hacer el «paso» de papilla a trocitos ¡zaz! Intenté volver a papilla ¡y peor! Fueron unos días de mucho estrés, en los que -admito- la situación me sobrepasó. Creo que el hecho de que los nenes no coman es una de las cosas que peor me predispone.

Intenté darle con tenedor, dejarla que coma sola….nada, nada funcionaba. Se ponía a llorar como si la estuvieran matando y sólo la calmaba la teta. A veces alguito de fruta o yogurt.

Ahí fue cuando disparé un chat desesperado a mi amiga y médica Victoria Cavoti (MN 111.677), una de esas personas lindas que te cruza la vida en este loco mundo de las redes sociales. Ella es patóloga perinatal de la maternidad Ramón Sardá y hace años trabaja en salud materno infantil.

En un niño sano ¿cuáles son los principales motivos de inapetencia? ¿Cuánto tiempo es posible «respetar» su deseo de no comer sin que le haga mal? ¿Qué hacer si sólo quiere un determinado alimento, por ejemplo, fruta? Estuvo casi 24 horas sólo con teta…y ya no tengo el mismo volumen de leche, ¿no tiene hambre? ¿Puede estar molesta por la dentición y que eso le quite el apetito?

Todo eso le pregunté casi de manera compulsiva. Y ella, tan criteriosa como siempre, me respondió:

«Alrededor de los 12 meses, el niño comienza a explorar. Gracias a su desplazamiento camina, recorre, busca cosas nuevas y en algunos casos pierde interés por la comida«, comenzó.

Según ella, «no es que no quieren comer, si no que desean que ese ‘trámite’ (así lo interpretan ellos) sea corto, atractivo, rico y les dé tiempo para seguir explorando y deambulando». Y en ese sentido, me recomendó: «Hay que hacer comidas acordes a la edad, nos olvidamos de las papillas, los alimentos deben ser de fácil manipulación para que coma solo frente a la mirada atenta de su cuidador. Se recomienda que el tiempo para la comida no dure más de media hora, ya que si se prolonga más los niños pierden aún más interés».

«También debemos pensar en las porciones y en la capacidad gástrica del bebé. El volumen gástrico tiene relación con el tamaño del puño de su mano. Si a un niño se presenta un gran plato de comida o se lo obliga a que coma de la cuchara de su mamá, probablemente no comerá».

Cavoti me explicó que «los niños adquieren mayor autonomía al caminar y se vuelven más selectivos». Así, «si un niño sólo quiere postre no estamos frente a una inapetencia sino frente a selectividad, por lo que se debe hablar con el niño, generar un espacio tranquilo para comer, que la madre, padre o cuidador tengan mucha paciencia y le presenten alimentos ricos, nutritivos y atractivos».

Sobre mis dudas acerca de cuánto tiempo puede pasar sin que la salud de un niño que se niega a comer se debilite, la especialista fue clara: «El niño sano que se encuentra en un percentil de peso y talla acorde a su edad y a su genética, que se encuentra bajo supervisión de un pediatra que lo evalúa de manera periódica, claramente no se desnutrirá por un momento de inapetencia«.

«Cuando el niño se enferma, a veces deja de comer y sólo quiere teta o mamadera y agua al igual que le pasa a los adultos», aseguró, al tiempo que, acerca de las muelas que quieren asomar y le quitan el sueño a mi bebita, dijo: «La dentición, los cambios en la rutina, el ingreso al jardín maternal, las visitas de familiares, las mudanzas, llegadas de hermanitos, etc modifica el patrón de alimentación de muchos niños, independientemente de la edad».

Así que, a llenarse de más paciencia y empezar a responder a las nuevas necesidades de mi chiquita.

¿A ustedes cómo les va con la alimentación complementaria? ¿Alguna más con bebitos en huelga de hambre?

cuerpos extraños oido

La obstrucción por cuerpos extraños en las vías aéreas es uno de los accidentes domésticos más usuales en niños de entre dos y seis años. Pasos a seguir y qué no hacer si un niño se introdujo algo en la boca, nariz u oídos

En esta oportunidad (toco madera, cruzo dedos y todo lo que se imaginen) el encomillado del título no quiere decir que la situación me pasó a mí. Pero sí vale la pena alertar que es mucho más común de lo que se cree, que los niños pequeños se introduzcan objetos en la boca, nariz u oídos. Y cuando se trata de cosas de pequeño tamaño, el riesgo de obstrucción de las vías aéreas puede llevar a una situación de emergencia para la cual siempre es mejor estar prevenidos.

A medida que los niños van creciendo adquieren más habilidades para manipular objetos y desplazarse. Por lo tanto, hay que tener cuidado con dejar objetos pequeños al alcance de los niños sin supervisión. Todo es nuevo para ellos, juegan, investigan y ese entusiasmo por conocer, puede llevarlos a ponerse objetos en la nariz, oídos y boca.

Desde los cuatro meses aproximadamente y hasta los seis años, vaya a saber por qué causa, los niños gustan de llevarse objetos a la boca, nariz y oídos. Muchas veces es sólo una travesura sin grandes consecuencias pero otras veces puede convertirse en una situación alarmante y potencialmente peligrosa si de cuidar las vías respiratorias hablamos.

Hay situaciones que el adulto las puede notar pero en otras oportunidades se detecta con el correr de los días que algo no anda bien: puede salir secreciones u olor de la nariz o notar que escuchan menos por ejemplo.

Los más peligrosos, según coinciden los especialistas en otorrinolaringología, son los alimentos que por su tamaño, forma, consistencia y accesibilidad son frecuentes de encontrar en las vías aéreas: salchichas, maníes, aceitunas, uvas, caramelos duros, y también objetos como piezas pequeñas de juguetes, cuentas de collar, bolitas o canicas y monedas.

Para saber qué señales de alarma debemos observar en un niño que se llevó algún objeto a la boca, nariz u oídos consulté a expertos del servicio de Otorrinolaringología del Hospital Vélez Sarsfield, quienes explicaron: «En el caso de la nariz, el niño puede sentir un dolor intenso o molestia por la inflamación de la mucosa nasal, dificultad para respirar por la nariz, e incluso puede existir secreción nasal sangrado, mucosidad con olor fétido. Por lo general esto se produce sólo del lado donde se introdujo el objeto mientras que el otro orificio nasal esta como siempre. En algunos puede observarse a través de la narina la presencia del cuerpo extraño, mientras que en el caso del oído el niño podrá manifestar que escucha menos o nosotros notarlo, podría verse supuración e inflamación del conducto auditivo externo o dolor de oído, y en el caso de las vías aéreas habrá dificultad respiratoria y ruidos respiratorios, en tanto que en los casos más graves podría aparecer cianosis (color azulado en la piel), taquipnea (aumento de la frecuencia respiratoria) y tos, pudiendo ocasionar asfixia y provocar la muerte».

Y sobre cuáles son los pasos a seguir si vimos que un niño se introdujo algo en boca, nariz u oídos o sospechamos que lo haya hecho, refirieron: «En ninguno de los casos hay que tratar de introducir elementos para querer sacar el objeto. En el caso de nariz y oído se debe concurrir con el niño a un servicio de emergencias a fin de extraer el objeto ya sea con el paciente despierto o bajo anestesia en quirófano. Si la obstrucción es en las vías aéreas se recomienda realizar la maniobra de Heimlich (debe utilizarse sólo en caso de una obstrucción grave de la vía aérea, en la cual la persona no puede hablar, toser ni emitir ningún sonido, mientras que en una persona con una obstrucción leve, en la cual todavía puede toser, no se deben obstaculizar sus intentos por expulsar el objeto por sí sola)».

Y como en estos casos es clave saber qué es lo que NO se debe hacer, los especialistas hicieron hincapié en «no hacer maniobras intempestivas que puedan agravar la situación».

Las pilas de reloj, un capítulo aparte
¿Puede una pila de reloj ser tan peligrosa?

Según los especialistas, las pilas son el objeto más peligroso que un niño podría introducirse en nariz, oídos o incluso tragarse. La causa es que el mercurio, plomo y demás elementos tóxicos que se encuentran entre sus componentes, «pueden producir necrosis de los tejidos que contactan a su paso pudiendo provocar hasta perforaciones de tabique nasal, membrana timpánica, esófago si va hacia la vía digestiva o de traquea y/o bronquios en caso de estar en la vía aérea».

puerperio padre

Ya hablamos acerca de lo duros que pueden ser los primeros días (¡y meses!) con un bebé recién nacido en casa. Y de lo importante que es para la mujer sentirse acompañada. ¿Pero qué pasa con el papá? El testimonio en primera persona de un «primerizo»

A Lucas lo conocí trabajando. Los dos éramos solteros, y no teníamos hijos. La maternidad me llegó a mí antes que a él la paternidad. Me acuerdo lo dulce y atento que me recibió cuando volví de la licencia de maternidad luego de haber tenido a Dante. Después dejamos de trabajar juntos. Él se casó. Yo quedé embarazada de Regina y a los pocos meses su mujer, de Brunella.

Lo único que me atreví a «recomendarle» cuando supe que iba a ser papá fue: «preparate para sentir el AMOR más grande que jamás imaginaste que existía». Para conocer TODO el resto de lo que llegaría a su vida junto con su bebita tendría tiempo.

Una tarde del verano 2017 nos encontró chateando sobre lactancia materna. Es que volvían de una consulta con el pediatra y Juli -su esposa- estaba muy angustiada porque le habían sugerido que si en el próximo control la bebé no aumentaba no recuerdo cuántos gramos le indicarían complementar la teta con leche de fórmula (¡tan poco empáticos pueden ser algunos médicos cuando quieren!).

Así, entre el sentimiento de culpa de esa reciente mamá y la impotencia de no saber cómo darle confianza de ese papá, surgieron las líneas que siguen. «Es que a nosotros también nos afecta el puerperio», me dijo Lucas. Y le pedí que lo escriba para compartirlo con ustedes.

En primera persona, un papá puérpero
«En la última reunión pre natal nos hablaron del puerperio, una palabra difícil y de una aceptación aún más complicada. Y no, más allá que algún hombre ya padre, con esa famosa mochila de experiencia sobre los hombros venga y te diga qué y cómo hacer, dejalo pasar. Agradecé el gesto, ajustate el cinturón y preparate para afrontar una montaña rusa llena de sentimientos encontrados, un ascensor de subidas y bajadas de ánimo, donde vos, hombre de la casa, tenés que hacerte cargo.

El embarazo lo podemos sintetizar en tres partes bien marcadas, en tres tercios que quedan evidenciados por los estados emocionales. Del primer al tercer mes, la emoción se apodera de nuestro cuerpo en su máximo esplendor. Del tercer al sexto mes, el disfrute se hace aún mejor, porque empezamos a ver cómo esa panza crece, como se mueve esa vida que está por llegar al mundo. Del sexto al noveno la cosa cambia. El nerviosismo y los cambios de humor en la mujer no hacen otra cosa que prepararnos para lo que se viene: el caos más lindo del mundo.

Llegar con el bebé a casa no hace otra cosa que hacernos sentir desnudos frente al mundo. No sabemos cómo reaccionar, porque en el sanatorio estamos cancheros, sabiendo que, ante cualquier problema, un botón nos soluciona todo (o al menos casi todo). Solos en casa, la cosa cambia. Las preguntas empiezan a tomar un ánimo diferente, que polula entre los interrogantes y el cansancio: «¿respira?», «no está muy abrigada/o?», «le dolerá la panza?», y miles (no exagero) de etcéteras.

Es increíble y, hasta divertido, entender los llantos del bebé. Juro que los aprendés. Pero, papá, también te juro que hay algo para lo que no estás preparado y deberás comprar paciencia en alguna parte: el llanto de la madre. El puerperio es un terremoto de emociones en la mujer, un sinfín de estados de ánimo que no hacen otra cosa que moverte el piso en reiteradas ocasiones por día. Tengo una frase grabada por muchos: «no es descabellado separarte ni bien nace tu hijo». Pero lógicamente, cuando hay amor, hay paciencia y un instinto que comienza a apoderarse de vos, el de ser padre, se puede batallar contra cualquier caos.

El bebé llora, la mamá llora. El bebé duerme, la mamá llora. El bebé está sucio, la mamá llora. Y ahí es dónde debe aflorar la fortaleza del papá. Y ojo; nadie nos enseña a ser papás, solamente tu hija/o, lo que se convierte en una hermosa historia de amor que jamás imaginaste vivir. Para no aburrirlos, hago un resumen de mi historia.

Brunella nació por cesárea, por lo que, por unos días, Julieta (mi mujer) estaba solamente abocada a darle el pecho, quizás, una de las tareas donde el padre más presencia debe tener. El desfile de puericultoras, en mi caso, no hizo más que dificultar el adiestramiento. Pasaba una y nos decía una cosa, al rato pasaba otra a decirnos que «así» no era. Nos enloquecieron y, para una mujer en ese estado tan sensible y con una bomba de hormonas en su indefenso cuerpo, es un trompazo a su confianza.

Ahí, papá, vos tenés que tomar la posta. No te quedés con que «no podés hacer nada», porque, en realidad, mucho trabajo depende de vos. Desde cambiar a tu bebé hasta limpiarle cuidadosamente su ombliguito, hasta convertirte en una máquina de aliento y empuje para tu pareja. Sos indispensable. No dejes NUNCA (así en mayúscula) de ayudar a tu mujer a darle el pecho a tu bebé, de asegurarte cómo es la toma y de estimular a la madre, de guiarla. Ahí está la palabra: sos el guía, porque si bien no podés poner el cuerpo, tenés que poner la cabeza y la tranquilidad que hace falta.

Mientras las cosas se van acomodando aparece un nuevo problema, porque no sólo las mujeres sienten el puerperio; los hombres también. Los cambios de humor, el sentirte apartado, la pérdida del lugar de confort y la poca atención recibida, pueden atentar contra la armonía que necesita una familia que empieza a sentir de a tres. ¿La clave para alejar discusiones? Ponerle punto final rápido a todo y hacer una tregua que le haga frente a estos cambios. No es fácil, pero tampoco imposible lograr un equilibrio. Eso sí, no te preocupes si los tiempos de paz tardan en llegar. Y por favor: no se vayan a dormir enojados.

Como dice esa vieja frase trillada, la única verdad es la realidad. Y, si bien es bueno investigar cómo serán los tiempos que te esperan, lo mejor es vivirlo y dejar fluir los momentos. Y cuando sientas que te caés del mundo, no lo dudes un segundo: levantá la vista, observá a tu hija/o y disfrutá ese instante donde el corazón te indica que vale la pena dejar de lado cualquier bronca para sentir todo ese amor.

A abrocharse el cinturón: comienza un viaje tan intenso como difícil, donde vas a cambiar tiempo de sueño por una risa que te va a alimentar el alma día a día y que, sin dudas, será el motor y el empuje que necesitás para afrontar cualquier adversidad. Disfrutalo, seguramente, será lo mejor que te pasó en la vida«.

Lucas Sawczuk

puerperio

Hay un puerperio clínico, que ocurre durante los días que permanecemos internadas después de dar a luz; uno tardío, que puede durar hasta seis meses y uno psicológico. Por qué es normal que aparezcan emociones negativas en el momento más feliz de tu vida

El estrés del parto quedó atrás, ya estás en la habitación con tu bebé en perfecto estado de salud y se prendió a la teta. El escenario ideal. Sin embargo, cuando cae la noche un llanto desconsolado te brota del pecho sin que puedas hacer nada para calmarlo.

Te dan el alta del sanatorio. Ya estás en tu casa con tu hijo. Se van tus amigas, que habían pasado a conocer al bebé y, de repente, la angustia se apodera de vos. Como si no estuvieras atravesando los días más felices de tu vida.

Pasaron seis meses desde la llegada de tu bebé. Ya volviste a trabajar. En casa todos se adaptaron a tu ausencia y todo marcha sobre ruedas. Una mañana, una compañera te pregunta cómo estás y estallás en llanto. Como si hubieras tenido ese nudo en la garganta esperando la oportunidad de soltarlo.

Pese a que las de arriba son todas situaciones imaginarias, perfectamente podrían haberte pasado a vos -o a mí- durante los primeros meses tras la llegada de un hijo. Es que eso es, ni más ni menos, que el puerperio, ese período en el que las emociones se amontonan, los sentimientos se agolpan, el propio cuerpo nos resulta extraño.

Sí, acabamos de ser mamás y la felicidad nos desborda. Por eso no entendemos por qué de repente nos invade una angustia tan profunda como inexplicable. ¿Estaremos enloqueciendo?

¡No! Estamos puérperas.

«El puerperio comienza inmediatamente luego del nacimiento del bebé. Se divide en puerperio inmediato, que son las primeras 24 horas después del parto, durante el cual es importante vigilar clínicamente la evolución del sangrado uterino normal (loquios) para evitar el riesgo de hemorragia posparto». Así comenzó explicando el doctor Agustín Pasqualini, director médico de Halitus Instituto Médico.

«El puerperio clínico, o tiempo en que se está internado en el hospital o clínica, si no hay complicaciones o situaciones especiales luego de un parto vaginal pueden ser 48 horas y si fue por cesárea, unos tres días -continuó-. Y luego viene el puerperio tardío, período desde la salida del hospital o clínica hasta las seis semanas tras el nacimiento».

Durante este periodo el cuerpo sufre cambios: cambios hormonales, «que tienen el objetivo de reducir el tamaño del útero, ayudando a su contracción para disminuir las pérdidas sanguíneas, y estimular la producción de leche», según detalló el especialista.

«Además, sube la prolactina, la hormona encargada de la producción láctea, y la oxitocina -agregó-. Esta última es la que generó las contracciones uterinas que facilitaron el nacimiento del bebé, y no desaparece tras el parto, sino que sigue presente en el organismo y genera por un lado contracciones del útero que ayudan a que disminuya su tamaño y reduzca el sangrado post parto y además, ayuda a la eyección de la leche cuando el bebé toma el pecho».

Como puntualizó Pasqualini, el útero se contrae, ya que debe volver a su tamaño normal. «Las contracciones uterinas tras el parto a veces pueden ser dolorosas. Son los llamados entuertos. En general se notan más a partir del segundo embarazo, pero hay muchas variaciones individuales: hay mujeres que los sienten con su primer hijo y mujeres con varios que no los aprecian o afirman que apenas perciben un ligero malestar», aseguró.

Y tras detallar que «luego del nacimiento, el útero eliminará los llamados loquios, que no hay que confundir con la menstruación», el especialista profundizó: «Al principio tienen un color rojo intenso porque son producto de la secreción del sitio donde se encontraba la placenta. Pero a medida que pasan los días, se vuelven de una tonalidad más clara y a los 15 o 20 días prácticamente es una secreción blancuzca y suelen desaparecer a las tres semanas».

«Políticamente incorrecto»
La licenciada Patricia Martínez (MN 24.411) es psicóloga de Halitus Instituto Médico y consideró que «el puerperio es un período del cual no se habla demasiado, porque es políticamente incorrecto. Desde lo psicológico es el momento de aparición de emociones negativas, como la angustia, el miedo y la ansiedad. Todos los fantasmas relacionados con no llegar a ser una buena madre se activan en este momento».

Frente al niño recién nacido y sobre todo si es el primero, la aparición de la autocrítica puede ser muy feroz, en algunos casos inhabilitando el vínculo madre-hijo.

A partir de la tercera-cuarta semana, es decir a partir del primer mes de vida del niño, se desarrolla lo que se conoce como puerperio tardío. Según la psicóloga, «este es un período caracterizado, no tanto por los cambios físicos, sino más bien por los efectos a nivel psicológico del llamado ‘destete’. El destete o tercera fase del puerperio es un período caracterizado por sentimientos angustiosos en mayor o menor medida, relativos a la separación de la madre respecto del hijo».

En ese sentido, Martínez destacó que «el puerperio psicológico no se toma como un período de tiempo, sino como una constelación de emociones relacionadas con el apego y separación del niño y su madre».

«Si bien resulta difícil introducir en la algarabía y en la atmósfera feliz que conlleva un nacimiento la otra cara de la realidad que implica la maternidad, es realmente saludable y recomendable preparar a los futuros padres para este momento«, destacó la especialista, quien remarcó que «el puerperio se puede atravesar sin mayores inconvenientes si tenemos la información adecuada y nos preparamos para esto».

Consultada sobre por qué está mal visto que una mujer se entristezca luego de dar a luz, Martínez fue clarita: «Estamos inmersos dentro de una ‘cultura adicta’ a los estereotipos. Una mujer debe trabajar, ser independiente, exitosa, linda, abrazar la maternidad con alegría y entusiasmo y además… ¡debe ser relajada!».

La llegada de un niño que es deseado implica la realización de un deseo y conlleva entonces, mucha felicidad para los padres. Paralelamente, se van desarrollando preocupaciones relacionadas con la maternidad bajo la forma de «voces» o mandatos que provienen de fantasías persecutorias originadas en el vínculo de la madre con su propia madre. «Son fantasías y temores relacionados con la crianza, con el no poder captar y responder ante las necesidades del niño», refirió la especialista, quien destacó que «el cachorro humano es vulnerable e incapaz de sobrevivir sin la atención del adulto, la madre no debe ser ni buena ni muy buena, sino suficientemente buena».

Según el pediatra y psicoanalista inglés David Winnicott, «una madre suficientemente buena es aquella que es capaz de dar cabida al desarrollo del verdadero Yo del niño…interpretar su necesidad y devolvérsela como gratificación».

Siguiendo este concepto, «una madre suficientemente buena es una madre atenta, como vemos no tiene que ver con ninguna excelencia, es nada más ni nada menos que una madre que puede mirar a su hijo y verlo a él y solo a él en ese acto.

Y acerca de cómo se arma una dinámica familiar donde se pueda balancear la felicidad con la sensación de agobio y estrés, la especialista apuntó: «Siempre se sugiere a las familias primerizas que no duden en pedir ayuda. Muchas madres siguiendo ciertos mandatos sociales exitistas se resisten a pedir ayuda y pasan por alto, agotadas por las extenuantes jornadas del recién nacido, signos y registros de sus hijos que son únicos y fundamentales en la construcción del vínculo».

Y tras asegurar que «una madre puérpera necesita ser maternada, necesita que se ocupen de ella, que la asistan, física y emocionalmente para que ella pueda estar atenta a las necesidades de su hijo», concluyó: «En la familia no debe estar TODO BIEN, no debemos ser padres perfectos, ni actuar según nuestras idealizaciones infantiles. Vivir sujetos al ideal de perfección puede ser peligroso en la crianza dado que nos quita la espontaneidad y el gozar del placer de atender a nuestro hijo».