¿Culpable o inocente? El andador al banquillo de los acusados

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Si bien hace años los beneficios del andador eran indiscutibles, estudios recientes demostraron no sólo que no ayuda a que los niños aprendan a caminar sino que retrasa ese aprendizaje y multiplica por cuatro el riesgo de accidentes en el hogar

Desde que quedé embarazada por primera vez, siempre fui de leer e informarme mucho. Pese a que mucho de lo que «resolvemos» en el día a día es instintivo (y generalmente lo que dice la intuición de madre está bien), conocer qué opinan los que saben e interiorizarse sobre nuevas corrientes en crianza y pediatría nunca está de más.

Así es que me convertí en una «anti andador» mucho antes de que Dante tuviera edad de utilizarlo. Hasta he llegado a rechazarlo -muy amablemente, claro- a quienes me ofrecieron regalármelo o prestármelo.

Por eso consulté al médico pediatra Diego Montes de Oca para contarles los argumentos que me llevaron a desestimar ese juguete para mis hijos.

«El uso del andador no es aconsejable. Debemos ser muy claros al respecto, están totalmente contraindicados. Los andadores son tan peligrosos que en algunos países, como Canadá, están prohibidos. En la Argentina se trabaja muy poco en prevención y por eso se venden sin ninguna restricción». Así de clarito respondió el doctor a mi primera pregunta sobre si el andador era recomendable en niños que aún no caminan con el fin de incentivar esa habilidad.

Y siguió: «Los andadores no sirven para que el bebé aprenda a caminar, de hecho, retrasan el aprendizaje. Por lo tanto, hay que evitar los andadores y buscar otras alternativas para el entretenimiento del bebé».

Consultado acerca de qué consecuencias puede tener, reforzó: «El uso de los andadores aumenta cuatro veces el riesgo de que el bebé sufra accidentes graves. En realidad, no deberíamos llamarlos accidentes sino lesiones no intencionales ya que son prevenibles en un 99%».

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«Cuando los bebés usan un andador, tienen una movilidad que no tendrían por sí mismos, se desplazan muy rápidamente y tienen acceso a cosas que sin el andador no tendrían. Y esto es muy peligroso -detalló Montes de Oca-. Uno de los mayores peligros son las caídas, especialmente desde escaleras, desniveles, o causadas por objetos que traban las rueditas, etc».

Y tras asegurar que un bebé en andador «puede caerse en lugares con agua, con el peligro de ahogamiento que eso acarrea, o acceder a sustancias calientes que implican el peligro de quemaduras», el especialista aclaró que «cuando el bebé tiene alrededor de nueve meses, muchas familias le compran el andador para que pueda moverse por sí solo y se entretenga. Y por qué no, para que las madres puedan relajarse un poco o hacer tareas domésticas. Y esto va contra la naturaleza: por algo es que los bebés aprenden a caminar alrededor del año».

«Además, es falso que el andador ayude a los bebés a aprender a caminar. Al contrario, crea una falsa sensación de seguridad y estabilidad y esto es perjudicial para el bebé», agregó el especialista.

¿El andador va en contra del gateo y las experiencias sensoriales que éste proporciona al niño?, le pregunté. «Mi recomendación es que el bebé juegue en el piso, sobre una manta, viviendo las experiencias sensoriales que estén a su alcance y adecuadas a los meses vividos. En resumen, no se debe usar andador por el riesgo cierto de lesiones serias y por el retraso en el aprendizaje de caminar que supone».

¿Y vos? ¿Ya tenés tu sentencia? ¿Cuál es tu experiencia con el andador?

 

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