Tetanalgesia, o cómo la teta lo cura todo

Tetanalgesia

El bebé llora. Los padres sufren. El personal de salud se pone nervioso. Y las vacunas hay que aplicarlas de todos modos. Y lo que hasta ahora las mamás hacíamos de manera instintiva tiene sustento médico.

«La teta todo lo cura» es una de mis frases de cabecera. Soy de las que ofrece el pecho tras una caída, en un despertar nocturno, ante un llanto cuya causa no logro descifrar y también luego de las vacunas. Y parece que la Organización Mundial de la Salud (OMS) vino a darme la razón.

Pocas situaciones son más estresantes para un bebé que la cita para actualizar el calendario de vacunación. ¿Alguien más siente que traiciona su confianza? Cuando los apoyo en la camilla, ellos me miran, sonríen y de repente ¡zaz, el pinchazo! Esa mirada de «¿qué es eso, mamá?» me parte el alma. Sé que es por su bien, que las vacunas son necesarias, pero no puedo evitar sentirme mal en esas situaciones. Por eso, quizá de manera instintiva, al salir ofrezco «la teta que todo lo calma». Porque las mamás de verdad creemos en los súper poderes de la lactancia materna.

Ahora, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un alto en los grandes temas sanitarios para referirse al momento de las vacunas. «Se trata de una escena habitual en los centros de salud de todo el mundo: entre lágrimas y sollozos, y abrazados a sus madres o sus cuidadores, los niños hacen acopio de valor para recibir vacunas que les salvan la vida. No obstante, a ningún padre ni profesional sanitario le gusta ver sufrir a un niño. Todos queremos que los niños se sientan tranquilos cuando les hemos de vacunar», reza el documento del organismo.

¿Y por qué esperar a la salida de la consulta? Por primera vez, la OMS elaboró un artículo en el que afirman que es conveniente dar el pecho a los lactantes DURANTE la vacunación. Es algo tan sencillo como aprovechar el efecto de alivio del dolor y de consuelo que tiene el amamantamiento, cuando se realizan pruebas o maniobras médicas dolorosas en los bebés.

La doctora Noni MacDonald, catedrática de pediatría de la Universidad Dalhousie y médica del Centro de Salud IWK en Nueva Escocia (Canadá), explicó que «aunque no suelen decirlo en el consultorio, los estudios demuestran que casi la mitad de las madres se preocupan por el dolor que puedan sentir sus hijos durante la vacunación. Nadie quiere que le hagan daño a su bebé».

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Y destacó: «La vacunación debe ser una intervención más agradable para todo el mundo, y debemos trabajar para conseguirlo».

Por estas razones, un grupo de expertos de la OMS en asesoramiento estratégico en materia de inmunización (SAGE) estudió la posibilidad de adaptar las directrices para reducir el dolor y el miedo que causa la vacunación. Basándose en el examen exhaustivo publicó el siguiente documento:
– El personal que lleva a cabo la vacunación debe estar bien informado y tener una actitud calmada y cooperativa. Es preferible utilizar expresiones neutras; por ejemplo, «ahora se la voy a poner» que «ahora le voy a pinchar».
– Es importante tener en cuenta la edad del paciente para colocarlo correctamente. Si se trata de un lactante o niño pequeño, es conveniente que les sostenga la persona que les cuida; para el resto de pacientes, lo más adecuado es sentarse con la espalda recta.
– No se recomienda la aspiración (tirar hacia atrás del émbolo de la jeringa) durante las inyecciones intramusculares, ya que se puede aumentar el dolor.
– Cuando se inyecten varias vacunas de forma secuencial en la misma visita, deben administrarse de menor a mayor posibilidad de causar dolor.

Además de las medidas generales, se recomiendan otras medidas específicas para los lactantes y niños pequeños:
-La persona que cuida del niño debe estar siempre presente durante y después de la inyección.
-Es conveniente dar el pecho a los lactantes durante la vacunación o inmediatamente después, siempre que no resulte contrario a las costumbres locales.
-Se recomienda distraer a los niños menores de 6 años con un juguete, un vídeo o música.

Siempre se dice que el saber da «poder». Y si de evitarles un mal momento a nuestros hijos se trata, más que nunca estar informadas vale doble.

Así que, ya lo sabés, no es necesario que dejes a tu bebé indefenso en la camilla para que lo vacunen. Tenelo a upa, mimalo, dale la teta. Ambos van a sufrir menos. Yo voy a ponerlo en práctica cuando le toquen a #bebita las próximas vacunas. Si con algo tan sencillo puedo hacer que atraviese mejor el mal trance, ¡no lo dudo!

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