El dolor de no poder evitarles el dolor

hijo dolor

Es imprevisible la vida con niños. Tanto que un lunes cualquiera llegás del gimnasio, te duchás y mientras #novio cocina y te disponés a bañar a los peques, Dante se te (sisi porque se ME patinó a mí, yo no pude ver que se caía) patina en la bañadera, se corta la pera (todavía no entiendo cómo) ➡️ a la guardia y cinco puntos de sutura.

Lo que pasó en el medio se lo podrán imaginar. Y si no, intentaré resumirlo. Susto -de #hijo y mío- al ver tanta sangre. Comprobar con #novio que se trataba de un corte grande y teníamos que ir a la guardia. Salir corriendo con #bebita a cuestas. Que el primer cirujano que lo revisa confirme lo que ya intuía: había que llamar al cirujano plástico; la herida requería sutura.

El momento de la sutura propiamente dicha fue de lo más traumático y estresante que viví en mi vida. Ver a tu hijo envuelto en una sábana (le hicieron del cuello hacia abajo tipo arrope de bebé para poder sujetarlo), el papá encima de su cuerpito para tratar de inmovilizarlo, una enfermera sosteniéndole la cabeza y el doctor, que luego de anestesiar la zona entra y saca una aguja de entre sus carnes…todo mientras él lloraba y gritaba que lo suelten…no se lo deseo a nadie. Creo que no me desmayé porque tenía a Regina a upa (y porque soy MADRE).

En el viaje de vuelta a casa, Dante -agotado- no tardó en dormirse. Y yo repasé MIL veces en mi mente el momento del golpe. Para ver si lograba descifrar qué había pasado. Para entender por qué no le dije -una vez más- que se quedara sentado que podía caerse. Para saber por qué no llegué a agarrarlo. Y así haberle evitado TANTO llanto y dolor.

También te puede interesar  "Siento que nunca más dormiré una noche completa"

Si tan sólo hubiera podido ponerme e su lugar, ser yo a quien amarren y cosan no lo habría dudado un instante. Y en ese momento comprobé lo que ya sabía desde el día que me enteré que lo llevaba en mi vientre: mi vida TODA le pertenece -ahora debe compartirla con su hermana-. Pero ya no es mía. La daría sin dudarlo dos veces para protegerlos de todo lo malo, para impedir que sufran, para ayudarlos a esquivar el dolor.

Del accidente, creo que los dos aprendimos una lección: Dante, que hay que tener cuidado y no moverse tanto en la bañadera; y yo, que las MADRES PERFECTAS no existen.

Mis post suelen ser más bien periodísticos, con información, pero en esta oportunidad necesitaba desahogarme con ustedes, madres, que seguro me comprenderán. ¿Alguna vivió un accidente doméstico con sus hijos? ¿Cómo resolvieron la situación?

¡Compartí esta nota!
Tal vez te interese...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *