La adaptación al jardín: acompañar sin presionar, de eso se trata

adaptación jardín

Si como yo sos de las madres novatas en esto de tener un hijo «escolarizado», sabrás que son muchas las dudas que por estos días nos asaltan. Y por más felices que estemos de ver a nuestro «bebé» crecer, muchas veces inconscientemente dificultamos el proceso. ¡A dejar de lado la ansiedad y armarse de paciencia!

¡Empezaron las clases! Para muchos, se trató de un día más, mientras que para otros es el primer día de clases en su haber. Parecía que faltaba tanto….si AYER organizamos el primer añito de Dante (¿ah, no?). Así que aquí estamos, «adaptándonos» a salita de tres, él y nosotros.

Desde ya que esta etapa implica un cambio para todos. Nos enternece imaginar a nuestro hijo/a entre los compañeritos, jugando con otros nenes, hablándole a la maestra. Nos da intriga cómo será, qué hará mientras nosotros no lo vemos. Yo juro que querría ser mosquito en esa salita. Son muchas las expectativas puestas en que nuestro hijo empiece el jardín.

Y mucho lo que se pone en juego: nuestras presiones, nuestros deseos, nuestras ganas que el nene nos muestre que se va a quedar contento, nuestra ansiedad porque el tiempo de la adaptación esté dentro de «lo esperable», etc. Tanto a las mamás como a los hijos les generan sentimientos esta situación y se modifican de forma directamente proporcional según la respuesta de cada uno ante esta nueva etapa.

Como ya saben a esta altura, mi gurú en temas de crianza y psicología es la licenciada Lorena Ruda (MN 44247), a quien también consulté sobre la adaptación del jardín.

«Los niños son rutinarios. Probablemente su vida esté medianamente organizada, con una rutina establecida tanto de horarios como de lugares y personas que cuidan de ellos. Hace dos o tres años que van a lo de la abuela, a la plaza, al supermercado, la otra abuela, o algún tío. O bien va una persona a la casa a cuidarlos mientras mamá y papá hacen sus cosas. De pronto llegan al jardín y un mundo nuevo comienza». Con ese primer pantallazo, la especialista me dio la primera idea acerca de que el comienzo del jardín será para #HijoMayor TODO un cambio en su día a día. Ajá. Sigamos.

Es que de repente se encontrará con caras nuevas, niños por todos lados, maestras, auxiliares, directoras, maestra de esto de aquello, niños llorando, otros riendo, otros gritando y otros ya peleando por algún juguete. Y nosotros pretendemos que nuestro hijo entre a la sala, hable con la maestra, haga sus monerías, que de entrada le resulte mejor plan estar ahí que en casa con mamá. ¿Raro no? ¿Cuánto tarda un adulto en sentirse cómodo en un trabajo nuevo, con compañeros nuevos, jefe nuevo, lugar nuevo, baño nuevo? «El niño sale de su tranquilizadora rutina para comenzar una nueva donde -además- tiene que aprender a socializar, a compartir (sobre todo a la maestra), a esperar, a sentarse a merendar, a ser uno más y no ‘el nene/a más lindo/a de todos’. Pero la adaptación no es sólo adaptarse a la situación nueva sino que, simultáneamente el niño transita un proceso de separación de mamá», explicó la especialista de @estilo_de_mama.

Ocurre que ya para los dos años empieza a consolidarse lo que llamamos el «yo», un ser independiente, diferenciado no sólo de la mamá sino también de los pares. «El jardín pone de manifiesto que la díada mamá-bebé comienza a separarse, evidencia ante el niño que la mamá tiene deseos de ‘otra cosa’, y eso es vivido con angustia ya que hasta ahora esa madre estaba colmada por ese niño -sintetizó Ruda-. Ya hubo pequeñas separaciones como el destete, cambiarlo de cuarto, dejarlo en la casa de alguien, etc, pero el jardín es otra etapa. Una efectiva separación. Naturalmente se vive como un duelo y lo que hay que lograr es que ambos atraviesen el duelo con el llanto que amerita para luego poder disfrutar de las actividades que cada uno realizará en ese tiempo».

«Lo ideal es que el niño pueda relajarse en ese lugar y jugar sin estar esperando que vuelva mamá, sin sentir lo abandona. Tiene que poder confirmar que mamá se va pero vuelve, y para esto es necesario el período de adaptación. Y lo cierto es que si en los primeros intentos de separación el niño es consciente de esto, se va a angustiar y más se va a aferrar, hará síntomas físicos, eso es sano. Hay casos en que los niños no registran este proceso y no patalean, ni gritan, ni lloran. Pero ojo, eso no quiere decir que haya una verdadera adaptación. En algún momento se darán cuenta y el llanto aparecerá. O quizá llegan a la casa y están enojados, pegan o muerden», detalló.

Ya cuando estén solos con la maestra, cuando sepan qué actividades tienen cada día, cuando puedan anticipar «ahora viene la merienda», cuando internalicen a sus compañeros, a la maestra, van a poder también disfrutar de estar ahí, en ese lugar que elegimos para que ellos, además de entretenerse mientras hacemos otra cosa, se van construyendo como seres, van aprendiendo, van a formar su identidad.

Es un momento muy importante en la vida de nuestros hijos y por más que supongamos que efectivamente todos terminan adaptándose, el rol de los padres (¡y la adaptación también! ¿por qué no?) es clave; tratemos de no presionar, de no volcar nuestras necesidades y expectativas en ellos.

La adaptación de los padres
Los padres también vivimos nuestro proceso y muchas veces, sin darnos cuenta, hacemos que el mismo sea un poco más difícil, creyendo que «el nene no se adapta». Es importante tener claro por qué queremos que nuestro hijo comience el jardín. Muchas veces tiene que ver con las necesidades laborales de la mamá, otras por la llegada de un hermanito, otras simplemente porque consideramos que es la edad correcta para escolarizarse, porque queremos que sociabilice, que descargue energía. Otra veces pensamos que en casa ya se aburre. Los cierto es que los chicos son especialistas en percibir cuando nosotros dudamos al tomar una decisión.

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«No sería casual que algún nene/a que acaba de tener un hermanito manifieste descontento cuando se lo deja en el jardín. Tal vez sabe que su mamá se tiene que ir para cuidar a su hermanito y quizá sienta que es dejado ahí para no molestar y podrán aparecer los celos. Lo mismo sucede cuando el niño perciba que su mamá lo deba dejar en forma apresurada para irse a hacer otra cosa. La mamá estará ansiosa por la rápida adaptación ya que sus licencias laborales se terminarán. Pero el niño no se lo hará tan fácil. Los tiempos para uno no son iguales a los del el otro. Ahí surge una situación habitual y con grandes consecuencias: las altas expectativas que tenemos sobre nuestros hijos«, sintetizó la especialista algo de lo que suele pasarnos a los papás. Entre otras cosas, esperamos que respondan a lo «esperado» sin evaluar sus tiempos, o suponiendo que existe «el tiempo ideal». Tememos sentirnos expuestos ya que, pareciera que si un nene tarda más en adaptarse al jardín será reflejo directa y necesariamente de una falta en la madre, de un error en su modo de criarlo. La mamá siente las miradas de todos, se compara generándole mucha ansiedad, que, percibida por el niño actuará en consecuencia. Otras veces es la mamá la que no termina de estar convencida de «dejar al nene». Aun creyendo que está segura se la nota dubitativa, cuestionadora, controladora.

Obviamente cada caso es particular y es imposible generalizar. Lo importante es poder reconocer cuando dentro de este periodo, somos los padres los que podemos estar obstaculizando la adaptación del niño. Los padres, y fundamentalmente la madre, necesitan estar seguros del lugar donde dejarán al tesoro más preciado durante parte del día.

Ruda destacó que «la ansiedad y las expectativas no son buenas compañeras de la adaptación; mejor es la paciencia, la observación». Y agregó: «Quizá un vínculo muy apegado puede necesitar un poco más de tiempo para desapegarse, pero probablemente cuando ese niño logre quedarse en el jardín, va a estar bien tranquilo que la mamá va a volver a buscarlo. O tal vez ese niño tenga muy claro que la mamá se va y tratará de retenerla lo más posible, ¡más aún si advierte que la misma necesita irse! Algunas veces es la mamá quien no soporta desconocer lo que hace su hijo cuando ella no está, o más aún, quizá es la mamá la que, por más ocupada que esté, espera que su hijo la reclame y muchas veces siente, inconscientemente, bronca cuando el niño por fin se despidió y esto no sucede. Quizás es la madre quien no puede decirle ‘chau’ e irse. Muchas veces es más fácil para ellas que el niño haga la adaptación con otra persona, evitando así pasar por ese momento de separación tan explícito».

Y tras reiterar que no todos tienen los mismos tiempos, Ruda remarcó que «cada díada se tomará el suyo para lograr una efectiva separación. En cada adaptación se juegan sentimientos que participan del proceso y es importante poder respetarlos».

«Lo que sí me animo a afirmar -lanzó a modo de conclusión- es que la adaptación es un ejemplo de un montón de otras situaciones que vendrán luego, en donde el niño nos enfrentará con nuestras dificultades. Es notable que cuando un niño se adapta más rápido, su mamá siente éxito y si esto no sucede lo vive frecuentemente como un fracaso. A veces pareciera que querríamos que se comportaran dentro de lo esperable no sólo por el propio bienestar, sino porque en caso contrario quedarían expuestas nuestras fallas. Es muy importante revisar este punto, ya que nuestros hijos cargan con nuestros mandatos, nuestras expectativas y muchas veces estamos obstaculizando su crecimiento, llenándolos de exigencias sin poder asumir nosotros mismos nuestras fallas».

Parece que la clave está, como en taaantos otros aspectos de la vida, en quitarle importancia a la mirada del otro y hacer nuestra propia experiencia (¡y dejando a nuestro hijo hacer la suya!). Después de todo, él es el protagonista de esta historia que comienza con el jardincito y no podemos más que acompañarlo. Es su escolaridad la primera de muchas veces que deberemos «soltarlo». Porque para ser un ser libre es que lo trajimos a este mundo, ¿o no?

¡Ufff qué difícil era esto de ser mamá! Evidentemente el temita de la adaptación es otro de los que se olvidaron de explicarnos en el envase del Evatest.

Mal de muchas…

Lorena Ruda coordina encuentros para mamás, un espacio para escuchar a otras mujeres (¡y escucharse!) que atraviesan lo mismo que vos. Muchas veces, sentirse acompañada, contenida y comprendida ayuda a atravesar esta hermosa y movilizadora experiencia de la maternidad. Y quién dice ¡hasta salir airosas!

Si querés formar parte, contactala vía mail a liclorenaruda@gmail.com o en su Instagram @estilo_de_mama

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