La llegada del hermanito: el difícil momento de barajar y dar de nuevo

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Nueve meses no alcanzan para tomar dimensión de TODO lo que implica convertirse en «mamá de dos». Son tiempos de recalcular y volver a dar otro orden a la dinámica familiar. ¡Y de no descuidar al hermano mayor! Cómo pasar a ser cuatro sin morir en el intento

He aquí una de las que yo llamo mis notas de «autoayuda».

Cuando una cuestión de mi vida aplica a las temáticas que suelo escribir, no dudo en recurrir a los que saben para que me ayuden a desentrañar los laberintos en los que solita me meto. Y la llegada de mi segundo hijo (hija, en este caso) no es la excepción.

Me resulta imposible describir los sentimientos y sensaciones que me invadieron una vez que tuve el test de embarazo positivo en mano. De hecho, si no hubiera sido por la trombofilia que me diagnosticaron antes del embarazo de Dante y la urgencia por comenzar a tratarme si se confirmaba lo que ya sabíamos, habría esperado un poco más que los cuatro (largos) días de atraso que demoré la compra en la farmacia.

De todos modos, un beso de Dante en mi panza al segundo día de atraso había sido suficiente para confirmar que ya no éramos tres en casa. Pero igualmente no podía llamar a hematóloga y obstetra sólo con esa información.

Felicidad. Miedo. Alegría. Dudas. Emoción. Culpa. Expectativa. Y otra vez miedo y culpa. Una sucesión de sentimientos bastante similar a esta podría describir mi estado al confirmar lo que por esas horas no necesitaba confirmación.

¿Les pasó? Es que luego de un tiempo de la llegada de nuestro primer hijo, cuando todo se había acomodado a la nueva vida, la convivencia era armoniosa entre los tres, ¡y hasta habíamos vuelto a dormir la noche completa!, la noticia de que «el segundo» viene en camino es un «cimbronazo», por más planificado, buscado y deseado que haya sido ese nuevo embarazo.

¿Podré amar a este nuevo hijo TANTO como a Dante? ¿Cómo tomará él la buena nueva? ¿Será mejor o peor que justo nazca a poco de que él comience el jardín? ¿Sentirá Dante que lo desplazamos? ¿Podré ser una mamá tan presente y apegada con este nuevo bebé? Y después cuestiones más terrenales: ¿Cómo voy a salir sola con los dos? ¿Van a entrar dos camitas en la habitación?

Y siempre con la incapacidad de sacar al «mayor» del centro de la escena. Como no logrando dejar de pensar mi vida con Dante como centro. ¿Estoy para terapia? Puede ser, sí. Por eso consulté a mi psicóloga especialista en crianza de cabecera para despejar todas estas -y otras- dudas.

Es que, para empezar, los adultos damos por hecho que los hermanos mayores «estarán celosos» y es una respuesta que solemos tener ante cualquier actitud o acción de nuestro hijo. Quizás sin evaluar lo que realmente les pasa ya contestamos «está celoso». Pareciera que muchas veces esa respuesta calma más a los adultos, ya que necesitamos poner palabras a lo que no sabemos. De esta forma interpretamos que actúa de tal o cual forma porque simplemente «está celoso». Pero, lo cierto es que los celos de los hijos, generalmente, son una construcción de los adultos, sobre todo durante el embarazo, donde todavía la llegada efectiva del hermanito no sucedió y el chico poco puede interpretar lo que está sucediendo.

Es más, quizá al reducir todo a la cuestión de los celos, pasamos por alto otras cosas que pudieran estarle pasando al «hermano mayor».

«Seguramente el primer hijo se estará preguntando por qué la panza de la mamá crece, cómo es que ese bebé llegó ahí adentro. Todos le dicen: -‘¡qué bueno, ahora vas a tener con quien jugar!’ ‘siempre te vamos a querer’, etc. Estas frases son las que muchas veces alertan al mayor que lo que está por llegar puede poner en duda el amor de los padres, más específicamente, de la mamá. En vez de demostrarle la importancia de su lugar, de enfatizar nuestra mirada en él, le advertimos que su situación pende de un hilo. Lo cual no es cierto. Cada hijo tiene un lugar, una personalidad, virtudes y defectos. A veces es nuestro propio temor por no poder amar a dos por igual lo que nos hace sentir que nuestro hijo tampoco podrá querer y aceptar al hermano, o que su lugar pueda ser reemplazado por el nuevo integrante». Así comenzó a poner blanco sobre negro en mis dudas la licenciada en Psicología Lorena Ruda (MN 44247).

Al parecer, si bien es indudable que la llegada del hermanito tendrá un efecto y habrá repercusiones en el mayor, dejar que afloren con libertad sin dar por hecho que el mayor lo vivirá con celos es una de las claves.

«Es importante no dar nada por hecho y poder observar lo que va sucediendo. Saber que la edad entre los dos y los tres años, cuando suele llegar el segundo hijo, es por demás demandante y que el mayor también está transitando sus propios procesos y que no sólo la llegada del hermanito es lo que le está sucediendo», resumió Lorena al consultarla sobre cómo diferenciar si lo que le ocurre al primer hijo le pasaría de todos modos.

Muchas veces le sucede lo mismo que a los demás nenes de su edad, está más caprichoso, más demandante, más peleador. ¿No se nos ocurre pensar que eso que le pasa tiene que ver con la etapa que está viviendo, más allá de la llegada de su hermano? Solemos caer en una respuesta fácil que nos evita poner atención a lo que realmente necesita nuestro hijo.

Uno de los consejos que me dio la especialista es seguir manteniendo momentos de exclusividad, a solas, con el mayor. Y hacer hincapié en ese momento «qué lindo! Nos vamos a tomar un helado nosotros solos!». «También está bueno que participe de las actividades del bebé como el cambiado de pañal, que sea el mejor asistente, siempre y cuando él quiera, claro -recomendó-. En los momentos en que se esté amamantando o haciendo algo con el bebé el mayor seguro va a demandar algo que va a ser ‘urgente'».

Para evitar esos contratiempos y terminar respondiéndole «ahora no puedo, estoy dando la teta a tu hermano/a», Lorena aconsejó anticiparse en algunas ocasiones y proponerle hacer algo mientras se está amamantando (ya habrá muchos otros momentos a solas con el bebé). Leer algún cuento, dibujar, ver juntos alguna peli que le guste, son opciones para salir «del paso». «No se logra siempre, pero sí de vez en cuando es una buena alternativa para que no se sienta relegado», aseguró.

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Si de desmitificar el tema se trata, tampoco es cierto -según la especialista- que un hijo pretende estar en el lugar del otro, por el contrario, cada uno apunta a poder ser sí mismo y para esto, es nuestro deber mirar lo que cada uno necesita. «Es muy común escuchar que los padres no quieren hacer diferencias, y que le dan lo mismo a ambos hijos, lo que quizá a veces no los deja ver los dos no necesitaban lo mismo», apuntó.

Consultada sobre qué hay de cierto en que la llegada del hermanito puede ocasionar «retrocesos» en el hijo mayor, ya sea en el habla o control de esfínteres si se hubiera alcanzado, Lorena explicó: «En teoría cualquier proceso que haya sido bien elaborado no tendría por qué retroceder. Pero es cierto que sucede en varias ocasiones. En el habla es demasiado específico como para asegurar que sólo tiene que ver con eso, pero control de esfínteres puede ser, lo que no significa que necesariamente va a ocurrir».

«Lo que propongo para estar atentos a síntomas que manifieste el mayor es la observación, no hay mucho más. Y ante la duda siempre consultar. La ansiedad de los padres, el suponer que determinadas cosas van a ocurrir, hace que estén todos estresados», enfatizó Lorena.

Relajarse y observar-se, parece ser la clave.

«Se debe evitar caer en la respuesta fácil de ‘hace esto porque está celoso’ y subestimar lo que le ocurre al niño -destacó Lorena-. Y si lo que está sucediendo es realmente por eso, también hay que prestarle atención y empezar a hacer algo distinto para que el mayor no se sienta así, dentro de lo que se puede. Hay situaciones o sentimientos que tampoco vamos a poder evitar,y el mayor tendrá que transitarlo a su modo. Podemos acompañar y ofrecer herramientas, pero tampoco podemos evitarle sus sentimientos encontrados. Si los tiene, los elaborará».

En relación a esto, remarcó que se le deben permitir al «mayor» sus momentos de no compartir o de que elija qué compartir y qué no con su hermanito. Tampoco es buena idea eso de cargarlo con la responsabilidad de «cuidar al más chiquito».

«Si llegara a ocurrir que el mayor le pega o hace algo al bebé, claramente no habrá que permitirle que lo haga pero siempre entendiendo que no lo hace de malo; quizá tenga bronca, quiera más atención y la busque desde ese lugar. Si el niño ya habla es bueno tratar de que pueda poner en palabras eso que le pasa e, incluso, ofrecer algún objeto más ‘pegable’ para que pueda descargar su enojo», ahondó.

Y sobre la también culposa idea de que «el segundo» siempre será relegado en función de que «no entiende», Lorena finalizó: «Al segundo no se lo puede tratar como al primero. Hay que tener otras expectativas ya que él llega a una familia que ya está con sus rutinas, horarios, funcionamientos. Uno tiene que poder ser flexible para poder acomodar al nuevo a lo ya establecido pensando y observando qué cosas modificar para que sea lo mejor para todos. Los silencios que había con el primero ahora serán muchos menos, los momentos de tranquilidad a solas va a haber que disfrutarlos cuando el mayor no está, pero cuando sí está, darse tiempo para acomodarse a las necesidades de todos y saber que tampoco se puede cumplir con los deseos de cada uno. Sacarse la culpa de que se está relegando es fundamental, ya que la sensación de no cumplir con todos angustia mucho».

«Hay que repartirse en momentos y ser exclusivos en otros. Y es fundamental también respetar lo que la mamá necesita», concluyó mi gurú.

A modo de conclusión, algunos tips para agendar

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-Durante el embarazo incluirlo desde el momento en que se lo contamos, él/ella va a tener un hermanito y también será su bebé. Será imprescindible para el recién nacido su presencia y ayuda. Mostrarle cómo va creciendo el bebé dentro de la panza, llevándolo a alguna ecografía -si él quisiera-, dándole la información que él pida acorde a la edad. Ayudando con la elección del nombre, con la elección de objetos para el cuarto o el ajuar del bebé.

-Una vez el bebé llegó al hogar la cosa cambia. El mayor necesitará momentos de exclusividad y realizar actividades con los padres, juntos o separados, por ejemplo ir a comer helado, ir al cine, salir con el triciclo, etc…Incluirlo en los momentos del baño del bebé, la cambiada de pañales, en lo que él quiera colaborar debe ser bienvenido.

No dar por hecho que el hermano mayor querrá y deberá prestar todo al menor o que, para evitar que el más chico llore tenga que ceder siempre. Debe ser respetada su decisión de no compartir. Algunas veces resulta útil preguntar si existe un objeto o juguete particular que no quiera prestar. En ese caso lo podemos guardar o autorizarle a tenerlo sin obligarlo a compartir. De esta manera él se sentirá respetado y será más armoniosa la convivencia. Sus necesidades deben ser escuchadas con la misma importancia que las demandas del bebé. Si se siente escuchado y respetado, disminuirán los celos y/o competencias.

-No creernos nosotros el típico discurso de «pobrecito, perdió el trono», en función de lo que nosotros pensamos, actuamos y transmitimos.

-Por último, muchas veces la llegada del segundo hijo nos enfrenta con los vínculos con nuestros propios hermanos, con lo que se decía de nosotros, con nuestra historia y el lugar que nos tocó (el mayor, el del medio, el más chico, o bien el inteligente, el vago, el caprichoso). Será tarea para el hogar revisar lo que a nosotros nos pasa con la llegada de este nuevo bebé, ya que eso nos ayudará a manejarnos libremente, sin mezclar (tanto) los sentimientos y miedos que a nosotros nos genera esta situación.

Convencida de que hay toda una parte de la maternidad que nadie te cuenta, concluí que formar una familia no es fácil, tampoco criar a los hijos. Es un desafío diario. Lo más importante es no presionar, no forzar y observar. No perder de vista y responder a sus necesidades como seres independientes que son. De esta manera, un hermano será el mejor regalo que les pudimos dar.

La importancia de compartir experiencias con otras mamás
Lorena Ruda brinda un «Taller de crianza» todos los jueves, a las 14, en Villa Pueyrredón, donde cada una socializa sus vivencias. El espacio, además, funciona como un lugar de contención y acompañamiento.

Para contactarte con ella u obtener más información: liclorenaruda@gmail.com y en su blog.

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